Ernesto Igartua Arregui / 
Investigador Científico,
Estación Experimental de Aula Dei, CSIC, Zaragoza 

Si somos lo que comemos, ¿de qué estamos hechos? A nadie le sorprenderá saber que los cereales son una parte importante de nuestra dieta. Según la FAO, casi la mitad de las calorías que ingerimos viene directamente de los cereales (indirectamente, a través de los piensos, aún más). Esta cifra es algo inferior (un 30%) en los países desarrollados, como España, y algo superior en los países en desarrollo. Todos sabemos que los cereales son importantes, pero estas cifras no dejan de sorprender. Se podría decir que las sociedades actuales son “adictas” a los cereales. Sin entrar a juzgar si esta adicción es buena o mala, el hecho incontestable es que son el puntal esencial de la seguridad alimentaria.

La presencia de los cereales en la agricultura española es más que respetable, como demuestran estas otras cifras: de todo el territorio español (504.000 km), un sorprendente 12,5% (18% en Aragón) está ocupado, cada año, por cultivos de cereales. De toda la superficie dedicada a producir cultivos, el 37% está sembrado con cereales (el 50% en Aragón), hasta el punto de ser el factor dominante de los paisajes de buena parte de la España interior. Es una “despensa” enorme, aunque insuficiente. España es deficitaria en cereales, con una balanza comercial negativa (y creciente) de unos 9-10 millones de toneladas por año durante este siglo, así que no podemos descuidar su producción. Sin dar más cifras, es fácil intuir que la importancia económica es también de primera magnitud. Así que, tanto desde el punto social (seguridad alimentaria, fijación de población), como del económico y medioambiental, la producción de cereales afecta a los tres pilares básicos de la sostenibilidad. Más nos vale cuidar y atender con mimo a estos recursos, absolutamente estratégicos.

¿Qué ha hecho la investigación por los cereales? Las variedades que consumimos ahora tienen poco que ver con las que se cultivaban hace 50 o 100 años. En especial, porque son mucho más productivas, gracias a la investigación. La tasa de incremento de la productividad en los cereales va de los 20 a los 200 kg de incremento por hectárea y ¡por año¡, en los sistemas en los que se ha evaluado con detalle. Esos incrementos son atribuibles en similar medida a la mejora genética y a la mejora de factores agronómicos. Si queremos seguir comiendo en un mundo con mayor población y sin tierras de cultivo adicionales, tenemos que plantearnos estrategias para seguir aumentando la productividad, persiguiendo lo que se ha dado en llamar la “intensificación sostenible”.

¿Se presta suficiente atención a la investigación en cereales en España? Respuesta rápida: no, como ocurre en todos los campos de la investigación española. Sin embargo, incluso en la penuria en la que nos movemos, los cereales parecen especialmente marginados. Sin salir de la agricultura, hay otras especies más llamativas, hortícolas y frutales, que atraen más la inversión y el interés del público. No se me entienda mal, no sugiero que se invierta menos en esos cultivos, pero los humildes cereales no reciben en nuestro país la atención que merecen como pilares de la alimentación.

No todo es negativo. Hay algunos motivos para el optimismo. En España hay investigación pública relevante a nivel internacional en los distintos cereales, con algunos “primeros espadas” y una “clase media” muy digna. Hay también un sector empresarial, tanto de pymes como de grandes empresas, que empieza a comprender los beneficios de la investigación y del desarrollo de productos propios. Otra buena noticia: disponemos de algunas herramientas únicas para ello. En España tenemos la gran suerte de contar con una riqueza de diversidad genética de cultivos como el trigo, la cebada o la avena, mayor que en el resto de países europeos. Además, aún se ha usado relativamente poco para obtener variedades mejoradas. Esta diversidad es un cofre del tesoro genético aguardando a ser descubierto y explotado, con la inapreciable ayuda de los avances de la biología moderna.

¿En qué más tenemos que poner nuestros esfuerzos e inversiones? Las conclusiones de una reciente acción de prospectiva impulsada por el INIA se publicaron en Vida Rural (01-05-2015). En ellas se reflejaron las preocupaciones de los sectores público y privado involucrados en la I+D+i en cereales en España. Se destacaron como principales áreas de actuación: el fomento de la transferencia de resultados al sector privado; el aumento de la productividad y de la resiliencia de los cultivos y agroecosistemas; el desarrollo de una agricultura eficiente en el uso del agua; el control de los estreses bióticos, enfermedades, plagas y malas hierbas; el ya mencionado uso de la diversidad genética local en la mejora; el aumento de la calidad del material vegetal de propagación; el incremento de la calidad de los cereales y de sus productos derivados; el fomento de una fertilización adecuada, precisa y sostenible de los cultivos de cereales; el uso de técnicas de laboreo, rotaciones de cultivos y agricultura de precisión adaptadas a los cereales; el estudio del efecto de los cereales sobre la salud; y las evaluaciones de los efectos de la PAC y otras políticas agroambientales. Así que sabemos lo que hay que hacer y hay gente que sabe cómo llevarlo a cabo. Hay que impulsar foros de comunicación y cooperación, como RICA, dotar de capital humano y económico a las actuaciones estratégicas y esperar a los resultados. Nuestra comida depende de ello.

Avda Montañana 1005, 50059-Zaragoza

 

Miguel Gutiérrez López/
Unidad de Cultivos Herbáceos
Centro de Transferencia Agroalimentaria (CTA)

El día 30 de mayo del presente año se celebró en Zuera lo que fue la Jornada Técnica de Transferencia en cereal de invierno, bajo el lema “Semillas de Aragón, calidad e innovación”, una jornada que congregó a más de 600 personas relacionadas con el sector productor, semillista, sector cooperativo, técnicos y profesionales relacionados., comunicadores agrarios.

Una de las actividades más reconocidas en el sector cerealista, ejecutado por el mismo Departamento de Desarrollo Rural y Sostenibilidad desde hace más de tres décadas está relacionada con uno de los factores de producción más importantes en el éxito de las explotaciones agrarias y por lo tanto determinante en los resultados finales, la semilla.

Desde las administraciones públicas se lleva trabajando desde entonces en la defensa de los intereses de los agricultores, el control de las empresas, garantizando el funcionamiento del sistema de certificación, la promoción de semilla certificada como fuente de innovación y de calidad para las explotaciones.

Si esto es en si mismo imprescindible para el buen funcionamiento del sistema no lo es menos la puesta en valor de la experimentación en campo de los resultados que se obtienen, de la evaluación agronómica y de la calidad de las nuevas variedades y especies en todas las zonas aragonesas de experimentación, creando una red de trabajo amplia que permita poder orientar al productor y a las empresas adecuadamente.

En los últimos 5 años en Aragón, la producción de semilla certificada se ha duplicado y ha pasado de 40 millones de kg en 2013 a unos 73 millones de kilos en el año 2017, un aumento de un 182 % en volumen, estimándose una tasa de utilización de semilla certificada con respecto a otros orígenes de más del 40%.

Esto tiene un importante impacto económico en un buen número de empresas muy ligadas al territorio, la introducción de tecnología e innovación en las explotaciones agrarias aragonesas, la garantía del doble control ejercido por parte de las empresas y de los organismos públicos de control, la transferencia de los conocimientos y de la experimentación en campo de la tecnología adquirida por las empresas y la participación publico-privada en el propio Proyecto de trabajo.

Que Aragón sea la primera Comunidad Autónoma líder en certificación y volumen de semilla certificada es la clara consecuencia del trabajo bien hecho y dirigido desde los Centros técnicos de la Administración, Centro de Sanidad y Certificación Vegetal (CSCV) y Centro de Transferencia Agroalimentaria (CTA), que están sabiendo comunicar y participar al propio sector cerealista todos estos avances tecnológicos. Y la experimentación en campo a través de las redes de trabajo establecidas en nuestra Comunidad Autónoma es el espejo territorial que muestra en las principales comarcas los avances y experiencias que se están llevando a cabo, no pueden vivir una sin la otra.

Este es un modelo que ha tenido que adaptarse continuamente a lo largo de los años por la pérdida de peso e interés dentro de la propia Administración y que ha tenido que establecer nexos de unión con redes de trabajo nacionales participadas también por empresas del sector para poder mantener esta línea de trabajo.

El modelo participativo en Aragón, elegido para poder transferir los resultados de la experimentación en cereal de invierno, se lleva a cabo a través del grupo GENVCE (Grupo para la Evaluación de Nuevas Variedades de Cultivos Extensivos en España), grupo técnico de trabajo integrado por los responsables de la realización de las diferentes redes de experimentación de variedades de cada comunidad autónoma y por técnicos de la Oficina Española de Variedades Vegetales del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación y del Instituto Nacional de Investigación y Tecnología Agraria y Alimentaria.

En la actualidad trabajan dentro de GENVCE 11 Organismos Autónomos, 29 empresas de semillas e industrias del sector agroalimentario.

Este modelo de Transferencia público – privado, tutorizado, coordinado e impulsado en Aragón por el Centro de Transferencia Agroalimentaria del Departamento de Desarrollo Rural y Sostenibilidad, cuyos resultados se participan anualmente al sector en forma de informaciones técnicas y jornadas de transferencia, es un valor creemos a conservar y mejorar en nuestra comunidad autónoma en un momento especialmente delicado y que se mantiene por la experiencia transferida a lo largo de los años, por la relación con el propio sector cooperativo y fundamentalmente por la creencia de que se debe de vincular la experimentación a un modelo real de transferencia al sector agroalimentario.

Las nuevas herramientas de transferencia de conocimientos, asesoramiento y cooperación contempladas en el Programa de Desarrollo Rural de Aragón deben de dar respuesta a todas las inquietudes que el sector agroalimentario aragonés pueda plantear, pero más aún en el sector de cultivos herbáceos extensivos que representa el 61,5 % de la superficie total cultivada en nuestra región, un sector que está integrado por pequeños y grandes productores que comparten problemáticas y retos comunes, como evaluar el comportamiento de nuevos cultivos, desarrollar nuevos productos para consumidores con necesidades especiales, desarrollar prácticas para una agricultura sostenible y mejorar la gestión económica de las explotaciones.

Existe una oportunidad real de estructurar una red común de trabajo que integre a toda la cadena de valor de la producción de cultivos extensivos para trabajar de una manera coordinada y eficiente, pero que debe de ser impulsada, coordinada y controlada en todos sus aspectos tanto técnicos como administrativos por el Departamento de Desarrollo Rural y Sostenibidad.

Centro de Investigación y Tecnología Agroalimentaria de Aragón

Emilio Betrán Escartín
Centro de Sanidad y Certificacion Vegetal
Gobierno de Aragón

Tras los calores estivales y con la llegada de los primeros fríos, en buena parte de Aragón se multiplica la actividad para poder atender el momento de la siembra. Sin duda un momento único, en el que se depositan buena parte de las expectativas del año, que permite introducir en nuestra explotación innovación de una forma asequible y de la que podremos obtener una gran rentabilidad.

Los avances experimentados en la agricultura y especialmente en la producción de cultivos extensivos durante el siglo XX han sido determinantes. Se han logrado mejoras en la resistencia a plagas y enfermedades, en la tolerancia a todo tipo de estreses abióticos, todo ello gracias en gran parte a la mejora genética, que ha sido capaz de producir un vasto número de variedades que han contribuido a aumentar los rendimientos y dar una mayor estabilidad a las cosechas. Es cierto que otros factores de producción, como la mejora en la fertilización y la mecanización, también han contribuido a este incremento, pero sin duda la mayor parte de este salto cualitativo y cuantitativo (hasta el 50 % según la FAO) se debe a la puesta a disposición de los agricultores de variedades mejoradas que han permitido incrementar estos rendimientos hasta cifras nunca vistas.

Esto se puede constatar si analizamos las series históricas de los datos de producciones de cereales en Aragón, en las que se observa que las producciones se han duplicado en secano y se han cuadruplicado en el regadío desde el comienzo del siglo XX. (Fuente: Gobierno de Aragón).

A pesar del avance vivido en las últimas décadas, Aragón sigue siendo deficitaria en la producción de cereales, ya que es necesario abastecer por un lado a una cabaña ganadera de más de 10 millones de cabezas, en constante crecimiento y, por otro lado, a la pujante agroindustria que transforma estos cereales en otros muchos productos habituales en nuestra dieta (harinas, sémolas, etc.), obligando, por tanto, a importar cereales por valor de cientos de millones de euros cada año.

Las fuertes oscilaciones que tienen las producciones en Aragón tampoco ayudan a garantizar este abastecimiento. Las cosechas se encuentran fuertemente condicionadas por la climatología, circunstancia que se acentúa especialmente en las zonas de secano que dominan buena parte del territorio. De las 770.000 ha que se siembran anualmente con cereales en Aragón, la superficie de secano representa el 85% y su producción no llega al 75 % del total, por lo que se pueden alternar años de cosechas históricas como la del año 2013, con otros en las que las producciones se reducen hasta un tercio, limitando mucho la rentabilidad de estas zonas de secano.

Tenemos, por otro lado, unas zonas regables con unos rendimientos más estables y gran potencial de producción, en las que existe ya una apuesta clara por introducir variedades altamente productivas con las que se están obteniendo muy buenos resultados, pero donde están apareciendo nuevos problemas de manejo, sanitarios, etc., que muchas veces están relacionados con los condicionantes que presentan estas nuevas variedades. 

Por ello, sigue siendo imprescindible continuar y potenciar los programas de mejora genética, que mejoren el potencial de las nuevas variedades, su resistencia a enfermedades y que, además, estas sean capaces de adaptarse y mejorar los rendimientos en nuestras condiciones de producción, tanto en las zonas de potencial medio y alto como en las zonas más áridas. Se debe seguir realizando un esfuerzo en la evaluación del potencial de estas nuevas variedades en nuestras condiciones y, además, esta información debe llegar transferida al agricultor, exponiendo claramente los condicionantes de cada una de estas variedades (ciclos más adecuados, sensibilidad a enfermedades, etc.). En este sentido, deben jugar un papel fundamental, además de las empresas, cuyo interés comercial en la introducción de nuevo material está fuera de toda duda, los organismos públicos.En el caso del Gobierno de Aragón, tanto el Centro de Sanidad y Certificación Vegetal como el Centro de Transferencia Agroalimentaria llevan años trabajando en esta línea que resulta imprescindible continuar.

Sin duda, uno de los retos actuales y futuros de las explotaciones cerealistas es la mejora de su rentabilidad. Esto pasa por la reducción de gastos en insumos (labores, uso del agua, fertilización, control de plagas y enfermedades) y, por otro lado, maximizar las producciones, que requiere de la elección de una semilla de calidad y con potencial genético suficiente que permita adaptarla a nuestras condiciones de producción.

Para ello, contamos con un importante aliado: la semilla certificada. Las variedades que se comercializan son fruto de programas de mejora que han sido testados en nuestras condiciones, y su empleo es una de las formas principales de introducir tecnología e innovación en nuestra explotación. Con su utilización, contribuimos a que los programas de mejora sigan avanzando para poder lograr este objetivo.

¿QUÉ OPCIONES TENEMOS EN EL MOMENTO DE LA SIEMBRA?

Se estima que en Aragón son necesarias unas 145.000 t al año para la realización de las siembras. En estas se incluyen tanto la semilla certificada, el grano acondicionado, así como la semilla de otros orígenes, entre ellas el grano que el agricultor reemplea de su propia explotación sin pasar por un sistema de acondicionamiento.

Optar por una u otra es una decisión empresarial, pero se deben conocer las diferencias que existen entre una u otra para poder tomar la mejor decisión como empresarios, porque no todo es lo mismo. A continuación se dan algunas indicaciones sobre cada una de ellas.

En el caso de la se trata de un producto estandarizado que se produce y comercializa con arreglo a unos parámetros mínimos establecidos para cada una de las categorías en los reglamentos técnicos. Esta responde con toda garantía a una serie de parámetros, controlados por las empresas productoras y también por la Administración (existe un doble control). Este sistema de controles es continuo y comprende desde la presentación de las declaraciones de cultivo, los controles durante la producción del cultivo, hasta el precintado y certificación de la semilla en sacos. Además, existe un control a posteriori de los lotes certificados, que se realiza en el denominado Postcontrol, en el que estos lotes se siembran en microparcelas para comprobar que no existen mezclas varietales (imposibles de controlar de otra forma), así como la ausencia de enfermedades trasmisibles por la semilla. Un ejemplo de este trabajo que se realiza en los postcontroles se pudo observar el pasado 30 de mayo en la Jornada celebrada en Zuera, en la que se pudieron visitar los más de 2.500 lotes que se siembran para realizar este estudio. Un trabajo desconocido, pero fundamental dentro del sistema de certificación.

Al final, lo que se debe garantizar es que el agricultor encuentre en el mercado sea un producto con unas características mínimas de germinación, pureza específica y varietal, ausencia de enfermedades transmisibles por semilla, etc., y todo esto bajo el control y certificación de un organismo oficial. No está nada mal, ¿verdad?

Gracias a todos estos controles que se realizan durante todo el ciclo de producción, se puede decir que la producción de semilla certificada es uno de los procesos agroindustriales en los que más controles se realizan y que sin duda tratan de aportar  una garantía total al consumidor, en este caso el agricultor, que se debe aprovechar de un sistema garantista y todavía público de certificación.   

Por supuesto, existen, como hemos comentado, otras fuentes de suministro para la siembra. En el caso del consiste en volver a sembrar directamente la cosecha obtenida por el agricultor en SU PROPIA EXPLOTACIÓN, mientras que el debe ser procesado en centros autorizados que realizan la limpieza, selección y/o tratamiento con productos fitosanitarios. Debe quedar claro que no es posible ningún tipo de compraventa de este grano acondicionado, y que, si se realiza, se trata de una actividad ilegal.

También es necesario aclarar que la normativa señala de forma clara que el agricultor tiene DERECHO a utilizar el producto de su propia cosecha para siembras propias en su explotación, incluso si se trata de variedades protegidas (artículo 14 de la ley 3/2000), aunque en este caso deberá pagar una remuneración al obtentor. Por lo tanto, es totalmente lícito, pero se debe realizar de forma correcta, aportando el origen y el destino de las partidas a acondicionar, registrando esta información y declarando correctamente las variedades que se desean acondicionar. En el caso de variedades protegidas, se deberá pagar al obtentor por la utilización de una variedad que está sujeta a la protección de sus derechos. El acondicionamiento es, por lo tanto, una actividad regulada, que se encuentra controlada por la administración y también por los obtentores vegetales que defienden los derechos relacionados con la protección vegetal (royalties).

Luis Cistué Solá
Estación Experimental de Aula Dei - Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC)

La cebada y el trigo son dos de los cultivos más importantes de España, sobre todo si atendemos al número de hectáreas sembradas. Según el anuario de estadística agraria, en 2016 la cebada ocupó una superficie de 2.563.195 ha de las cuales, 434.598 ha se encontraban en Aragón, mientras que el trigo era sembrado en 2.256.848 ha siendo 277.860 ha las correspondientes a Aragón. Debido a la gran capacidad de adaptación a distintos climas y suelos, lo dos cereales se encuentran sembrados en toda la geografía del Valle del Ebro.

Gran parte de la semilla certificada utilizada por los agricultores procede de empresas multinacionales que disponen de los medios económicos y materiales necesarios para desarrollar una mejora vegetal avanzada. Por poner dos ejemplos, las tres variedades de cebada con mayor número de kilos de semilla certificada vendida en 2016 son: Hispanic (1), Meseta (2) y Pewter (3). Las dos primeras proceden de Florimond Desprez (registro Francia 1993, 2006) y la tercera de New Farm Crops (GB, registro Francia 2002). En cuanto al trigo duro, las cuatro variedades más sembradas en Aragón en 2016 fueron Amilcar, Athoris, Sculptur y Claudio. La primera y la cuarta derivan de Monsanto (2000 y 1998), la segunda de Limagrain (2011) y la tercera de RAGT 2N SAS (2011).

Actualmente, las antiguas variedades poco productivas están siendo sustituidas por variedades modernas que han sido mejoradas en cuanto a su comportamiento ante el estrés biótico y abiótico. En el caso de los cultivos de secano, dicha mejora permite mantener líneas de producción estable, incluso frente a posibles adversidades climatológicas como las heladas y la sequía extrema. En cultivos de regadío, permite aumentar la producción con un menor coste.

A pesar de la importancia que tiene para España disponer de dichas variedades mejoradas, gran parte del trabajo de mejora es llevado a cabo por compañías extranjeras, cuyas variedades han sido obtenidas para condiciones climatológicas diferentes a las de España. Evidentemente, las empresas multinacionales realizan ensayos de campo de sus líneas en España, pero los parentales cruzados para obtener dichas líneas, normalmente, proceden del país donde está ubicado el centro de producción.

Una manera de conseguir nuevas variedades es mediante la colaboración entre centros de investigación y empresas de semillas. El centro de investigación aporta el conocimiento y los avances tecnológicos necesarios y la empresa, las semillas que puedan ser de interés para el agricultor. Esta colaboración ha permitido registrar nuevas variedades y liberar muchas de ellas al mercado. Desafortunadamente, su vida media en el mercado es muy corta ya que vuelven a salir nuevas variedades con mejores características que rápidamente sustituyen a las anteriores. El planteamiento de un objetivo de mejora a largo plazo requiere que exista una alta variabilidad genética (Fig. 1), que pueda ser fácilmente conseguida y con métodos que acorten el tiempo requerido por la mejora tradicional para la obtención de variedades. Entre estos métodos se encuentra la obtención de plantas doble haploides (DH) por técnicas de cultivo in vitro que se realiza en condiciones de laboratorio. Su principal ventaja es el acortamiento del tiempo, ya que si en la mejora tradicional por selección genealógica el tiempo requerido para inscribir una variedad en el Registro de Variedades es de unos 10-12 años, mediante la metodología de los DH se acorta a 5-6 años.

Fig. 1. Variabilidad genética. Doble haploides de cebada procedentes de un único cruzamiento.

En cebada y trigo esta técnica ha sido mejorada hasta el punto de que se pueden producir de una manera eficiente líneas DH a partir de casi todos los genotipos, y las plantas obtenidas son normales y de composición genética estable. La homocigosis en las plantas DH es total ya que se obtienen a partir de plantas haploides duplicadas. Esto evita la posible segregación de caracteres y facilita la selección o el descarte de las líneas en un plazo de tiempo más corto. No es una técnica costosa y no lleva a cabo ninguna manipulación genética de las plantas, por lo que no presentan problemas ambientales. El principal requerimiento es contar con personal especializado en la realización del proceso y unas instalaciones adecuadas.

Para incrementar los resultados de la técnica, las plantas doble haploides pueden ser utilizadas en ciclos de selección recurrente a los que se añaden las nuevas variedades más productivas. Esto se realiza alternando un año de selección agronómica con otro año de recombinación genética.

Unos claros ejemplos de la eficacia de esta técnica son las variedades de cebada Hispanic y Meseta, citadas anteriormente, y que representaron para la agricultura española 30 millones de kilos de semilla certificada en 2016. Ambas fueron obtenidas por el método de cultivo de microsporas en el laboratorio de P. Devaux (Flormond Desprez Seeds). Estas variedades son además los genotipos testigo en la mayoría de los ensayos del INSPV y GENVCE.

En España, el grupo de Cultivo Celular y de Tejidos de la Estación Experimental de Aula Dei (CSIC) de Zaragoza ha puesto 14 variedades en el mercado en los últimos años utilizando el método de cultivo de microsporas (Fig. 2) con posteriores ensayos agronómicos. Este resultado ha sido posible gracias a una estrecha colaboración con las empresas de semilla de Bell lloc Lérida, Semillas Batlle S.A. (SB) y de Bujaraloz Zaragoza, Agromonegros S.A. (AG).

 

Fig. 2. Doble haploides de trigo duro obtenidos por cultivo de mirosporas. Ensayo de segundo año en Bell lloc (Lérida).

Las variedades de cebada que comercializan estas empresas son: Azara (2008), Doblona (2012), Najah (2016), Batal (2016) (SB) e Icaria (2010), Forcada (2010), Pirene (2017), Baliner (2017) (AG). De trigo duro son Trimulato (2012) (SB) e Iberus (2011) y Aneto (2017) (AG). Además, Semillas Batlle y la Estación Experimental de Aula Dei han inscrito en el Registro conjuntamente 3 variedades de cebada con alto contenido en beta glucano: Rajapani (2017), Annapurna (2017) y Kalalamai (2016). Las dos primeras son las primeras cebadas desnudas del mercado español.

Si existe una estrecha colaboración entre el centro de investigación de una determinada zona geográfica, en este caso el Valle del Ebro, las empresas productoras de semilla de la zona, y los agricultores, se pueden conseguir buenos resultados sin grandes inversiones financieras, y dichos resultados se plasmarán posteriormente en un alto rendimiento de producción para los agricultores de la zona.   

 

Emilio Betrán Escartín
Centro de Sanidad y Certificacion Vegetal
Gobierno de Aragón

LIDERAZGO DE ARAGÓN EN LA PRODUCCIÓN DE SEMILLA CERTIFICADA

El sector productor de semillas de cereal en Aragón lo constituye un entramado de 51 entidades, de las que 37 producen semillas de cereal, la mayor parte multiplicadores,  cuyo volumen de negocio se estima que puede superar los 28 millones de euros. Se trata de empresas muy ligadas al territorio, generando puestos de trabajo en el medio rural, con una actividad agroindustrial de transformación que resultaría muy complicado deslocalizar.

 

Hace años que Aragón ocupa un puesto destacado en la producción de semilla certificada. Es la región que más superficie dedica a la multiplicación de semilla que luego es certificada en Aragón o que viaja a otras comunidades autónomas limítrofes para ser certificada. Pero, además, en la campaña 2016-17 se ha situado como líder en la producción de semilla certificada de cereales. Según los datos del MAPAMA, se han producido más de 74 millones de kg de cereales, un dato histórico respaldado por años de mucho trabajo conjunto de las empresas y de la administración.

El crecimiento vivido en las últimas campañas es un crecimiento constante, que ha llegado a superar las cifras históricas alcanzadas en el año 2005, en el que además existía una ayuda asociada a la siembra con semilla certificada del trigo duro. Se trata, por tanto, de un crecimiento consolidado, que ha llevado a que la producción de semilla certificada de cereales de invierno se haya prácticamente duplicado en los últimos cinco años. 

Más allá de lo anecdótico que puede suponer liderar el ranking nacional, lo que sí se puede afirmar es que se ha consolidado la posición de liderazgo del entramado de entidades públicas y privadas de Aragón a nivel nacional. Esta posición viene respaldada, por una parte, por una importante tradición histórica de nuestras empresas y centros públicos y, por otro lado, por la paulatina profesionalización, capacidad de crecimiento e innovación que han mostrado las entidades en los últimos años, apostando por la GARANTÍA y el RIGOR que siempre ha tratado de mantener el sistema de certificación existente en Aragón. Esto ha permitido que las producciones de semilla certificada que aquí se obtienen, gocen de prestigio y reconocimiento dentro del sector y, por supuesto,  entre los agricultores. Un valor que hay que saber aprovechar y fortalecer.

 

Esta apuesta por la CALIDAD que se viene realizando en buena parte de la producción de semillas en Aragón, se debería reconocer como una marca propia de producción. Así, la marca “SEMILLAS de ARAGON” debería reconocer esta diferenciación, y su posicionamiento en los mercados es uno de los objetivos a trabajar a medio- largo plazo. Sin duda una apuesta que debe ser liderada por empresas cada vez más profesionalizadas y respaldada por la administración, siendo conscientes de que la  exigencia en la calidad del producto ofrecido debe ser la máxima que  prime para poder seguir contando con el respaldo de los agricultores. 

Por otro lado, queda todavía mucho por hacer en la transmisión de la importancia de utilizar un material genético innovador, que aporte el máximo valor añadido a nuestros agricultores, siendo la semilla certificada, la mejor forma de obtenerlo. En este sentido, los datos son también positivos. La tasa de utilización de semilla certificada por parte de nuestros agricultores, atendiendo a los datos del año 2016, se sitúa por encima del 40 %, mientras que la media nacional está en torno al 28 %. Son datos sin duda esperanzadores, más teniendo en cuenta la realidad productiva de buena parte de nuestras zonas de secano aragonés.

Como ya hemos dicho, son muchos los movimientos positivos que se están viendo en el sector, pero todavía quedan muchos aspectos a mejorar si queremos que este crecimiento vivido en los últimos años se consolide, de los que señalamos solo algunos:

  • Existe una escasa dimensión de una buena parte de las empresas, que dificultan la introducción de mejoras en los procesos productivos. Además, esta escasa dimensión impide potenciar programas de mejora para la obtención de nuevas variedades. En este sentido, hay que señalar que la mayor parte de las empresas se dedican únicamente a la multiplicación de variedades obtenidas por grandes compañías internacionales, y, salvo honrosas excepciones, las empresas de nuestro territorio carecen de líneas de investigación de nuevas variedades.
  • Se debe trabajar para intentar abaratar los costes de producción de la semilla certificada, haciendo más asequible su adquisición por los agricultores, de tal forma que puedan ser introducidas en zonas de producción que manejan una baja rentabilidad.  
  • A pesar del reconocido esfuerzo que están realizando los agricultores por introducir nuevas variedades que aporten nuevas características para su transformación, en muchas ocasiones este esfuerzo no se ve recompensado por una mejora en las condiciones económicas de comercialización. Sin duda, es un esfuerzo que se deber realizar por parte de las industrias, cooperativas, etc., donde se debe primar la trazabilidad y una comercialización diferenciada y retribuida de manera justa. Será, desde luego, una forma de promocionar la utilización de nuevas variedades y, por tanto, de la semilla certificada. 

Al margen de las duras condiciones climáticas que nos están tocando vivir durante esta campaña de siembras, el futuro por tanto de la producción de cereales en nuestro territorio debe ser visto con optimismo, con todavía un margen de mejora considerable y con la búsqueda de la rentabilidad del agricultor como uno de los objetivos fundamentales a conseguir.