Ernesto Igartua Arregui / 
Investigador Científico,
Estación Experimental de Aula Dei, CSIC, Zaragoza

 

Si somos lo que comemos, ¿de qué estamos hechos? A nadie le sorprenderá saber que los cereales son una parte importante de nuestra dieta. Según la FAO, casi la mitad de las calorías que ingerimos viene directamente de los cereales (indirectamente, a través de los piensos, aún más). Esta cifra es algo inferior (un 30%) en los países desarrollados, como España, y algo superior en los países en desarrollo. Todos sabemos que los cereales son importantes, pero estas cifras no dejan de sorprender. Se podría decir que las sociedades actuales son “adictas” a los cereales. Sin entrar a juzgar si esta adicción es buena o mala, el hecho incontestable es que son el puntal esencial de la seguridad alimentaria.

La presencia de los cereales en la agricultura española es más que respetable, como demuestran estas otras cifras: de todo el territorio español (504.000 km), un sorprendente 12,5% (18% en Aragón) está ocupado, cada año, por cultivos de cereales. De toda la superficie dedicada a producir cultivos, el 37% está sembrado con cereales (el 50% en Aragón), hasta el punto de ser el factor dominante de los paisajes de buena parte de la España interior. Es una “despensa” enorme, aunque insuficiente. España es deficitaria en cereales, con una balanza comercial negativa (y creciente) de unos 9-10 millones de toneladas por año durante este siglo, así que no podemos descuidar su producción. Sin dar más cifras, es fácil intuir que la importancia económica es también de primera magnitud. Así que, tanto desde el punto social (seguridad alimentaria, fijación de población), como del económico y medioambiental, la producción de cereales afecta a los tres pilares básicos de la sostenibilidad. Más nos vale cuidar y atender con mimo a estos recursos, absolutamente estratégicos.

¿Qué ha hecho la investigación por los cereales? Las variedades que consumimos ahora tienen poco que ver con las que se cultivaban hace 50 o 100 años. En especial, porque son mucho más productivas, gracias a la investigación. La tasa de incremento de la productividad en los cereales va de los 20 a los 200 kg de incremento por hectárea y ¡por año¡, en los sistemas en los que se ha evaluado con detalle. Esos incrementos son atribuibles en similar medida a la mejora genética y a la mejora de factores agronómicos. Si queremos seguir comiendo en un mundo con mayor población y sin tierras de cultivo adicionales, tenemos que plantearnos estrategias para seguir aumentando la productividad, persiguiendo lo que se ha dado en llamar la “intensificación sostenible”.

¿Se presta suficiente atención a la investigación en cereales en España? Respuesta rápida: no, como ocurre en todos los campos de la investigación española. Sin embargo, incluso en la penuria en la que nos movemos, los cereales parecen especialmente marginados. Sin salir de la agricultura, hay otras especies más llamativas, hortícolas y frutales, que atraen más la inversión y el interés del público. No se me entienda mal, no sugiero que se invierta menos en esos cultivos, pero los humildes cereales no reciben en nuestro país la atención que merecen como pilares de la alimentación.

No todo es negativo. Hay algunos motivos para el optimismo. En España hay investigación pública relevante a nivel internacional en los distintos cereales, con algunos “primeros espadas” y una “clase media” muy digna. Hay también un sector empresarial, tanto de pymes como de grandes empresas, que empieza a comprender los beneficios de la investigación y del desarrollo de productos propios. Otra buena noticia: disponemos de algunas herramientas únicas para ello. En España tenemos la gran suerte de contar con una riqueza de diversidad genética de cultivos como el trigo, la cebada o la avena, mayor que en el resto de países europeos. Además, aún se ha usado relativamente poco para obtener variedades mejoradas. Esta diversidad es un cofre del tesoro genético aguardando a ser descubierto y explotado, con la inapreciable ayuda de los avances de la biología moderna.

¿En qué más tenemos que poner nuestros esfuerzos e inversiones? Las conclusiones de una reciente acción de prospectiva impulsada por el INIA se publicaron en Vida Rural (01-05-2015). En ellas se reflejaron las preocupaciones de los sectores público y privado involucrados en la I+D+i en cereales en España. Se destacaron como principales áreas de actuación: el fomento de la transferencia de resultados al sector privado; el aumento de la productividad y de la resiliencia de los cultivos y agroecosistemas; el desarrollo de una agricultura eficiente en el uso del agua; el control de los estreses bióticos, enfermedades, plagas y malas hierbas; el ya mencionado uso de la diversidad genética local en la mejora; el aumento de la calidad del material vegetal de propagación; el incremento de la calidad de los cereales y de sus productos derivados; el fomento de una fertilización adecuada, precisa y sostenible de los cultivos de cereales; el uso de técnicas de laboreo, rotaciones de cultivos y agricultura de precisión adaptadas a los cereales; el estudio del efecto de los cereales sobre la salud; y las evaluaciones de los efectos de la PAC y otras políticas agroambientales. Así que sabemos lo que hay que hacer y hay gente que sabe cómo llevarlo a cabo. Hay que impulsar foros de comunicación y cooperación, como RICA, dotar de capital humano y económico a las actuaciones estratégicas y esperar a los resultados. Nuestra comida depende de ello.

 

Avda Montañana 1005, 50059-Zaragoza

 

Miguel Gutiérrez López/
Unidad de Cultivos Herbáceos
Centro de Transferencia Agroalimentaria (CTA)

El día 30 de mayo del presente año se celebró en Zuera lo que fue la Jornada Técnica de Transferencia en cereal de invierno, bajo el lema “Semillas de Aragón, calidad e innovación”, una jornada que congregó a más de 600 personas relacionadas con el sector productor, semillista, sector cooperativo, técnicos y profesionales relacionados., comunicadores agrarios.

 

Una de las actividades más reconocidas en el sector cerealista, ejecutado por el mismo Departamento de Desarrollo Rural y Sostenibilidad desde hace más de tres décadas está relacionada con uno de los factores de producción más importantes en el éxito de las explotaciones agrarias y por lo tanto determinante en los resultados finales, la semilla.

Desde las administraciones públicas se lleva trabajando desde entonces en la defensa de los intereses de los agricultores, el control de las empresas, garantizando el funcionamiento del sistema de certificación, la promoción de semilla certificada como fuente de innovación y de calidad para las explotaciones.

Si esto es en si mismo imprescindible para el buen funcionamiento del sistema no lo es menos la puesta en valor de la experimentación en campo de los resultados que se obtienen, de la evaluación agronómica y de la calidad de las nuevas variedades y especies en todas las zonas aragonesas de experimentación, creando una red de trabajo amplia que permita poder orientar al productor y a las empresas adecuadamente.

En los últimos 5 años en Aragón, la producción de semilla certificada se ha duplicado y ha pasado de 40 millones de kg en 2013 a unos 73 millones de kilos en el año 2017, un aumento de un 182 % en volumen, estimándose una tasa de utilización de semilla certificada con respecto a otros orígenes de más del 40%.

Esto tiene un importante impacto económico en un buen número de empresas muy ligadas al territorio, la introducción de tecnología e innovación en las explotaciones agrarias aragonesas, la garantía del doble control ejercido por parte de las empresas y de los organismos públicos de control, la transferencia de los conocimientos y de la experimentación en campo de la tecnología adquirida por las empresas y la participación publico-privada en el propio Proyecto de trabajo.

Que Aragón sea la primera Comunidad Autónoma líder en certificación y volumen de semilla certificada es la clara consecuencia del trabajo bien hecho y dirigido desde los Centros técnicos de la Administración, Centro de Sanidad y Certificación Vegetal (CSCV) y Centro de Transferencia Agroalimentaria (CTA), que están sabiendo comunicar y participar al propio sector cerealista todos estos avances tecnológicos. Y la experimentación en campo a través de las redes de trabajo establecidas en nuestra Comunidad Autónoma es el espejo territorial que muestra en las principales comarcas los avances y experiencias que se están llevando a cabo, no pueden vivir una sin la otra.

Este es un modelo que ha tenido que adaptarse continuamente a lo largo de los años por la pérdida de peso e interés dentro de la propia Administración y que ha tenido que establecer nexos de unión con redes de trabajo nacionales participadas también por empresas del sector para poder mantener esta línea de trabajo.

El modelo participativo en Aragón, elegido para poder transferir los resultados de la experimentación en cereal de invierno, se lleva a cabo a través del grupo GENVCE (Grupo para la Evaluación de Nuevas Variedades de Cultivos Extensivos en España), grupo técnico de trabajo integrado por los responsables de la realización de las diferentes redes de experimentación de variedades de cada comunidad autónoma y por técnicos de la Oficina Española de Variedades Vegetales del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación y del Instituto Nacional de Investigación y Tecnología Agraria y Alimentaria.

En la actualidad trabajan dentro de GENVCE 11 Organismos Autónomos, 29 empresas de semillas e industrias del sector agroalimentario.

Este modelo de Transferencia público – privado, tutorizado, coordinado e impulsado en Aragón por el Centro de Transferencia Agroalimentaria del Departamento de Desarrollo Rural y Sostenibilidad, cuyos resultados se participan anualmente al sector en forma de informaciones técnicas y jornadas de transferencia, es un valor creemos a conservar y mejorar en nuestra comunidad autónoma en un momento especialmente delicado y que se mantiene por la experiencia transferida a lo largo de los años, por la relación con el propio sector cooperativo y fundamentalmente por la creencia de que se debe de vincular la experimentación a un modelo real de transferencia al sector agroalimentario.

Las nuevas herramientas de transferencia de conocimientos, asesoramiento y cooperación contempladas en el Programa de Desarrollo Rural de Aragón deben de dar respuesta a todas las inquietudes que el sector agroalimentario aragonés pueda plantear, pero más aún en el sector de cultivos herbáceos extensivos que representa el 61,5 % de la superficie total cultivada en nuestra región, un sector que está integrado por pequeños y grandes productores que comparten problemáticas y retos comunes, como evaluar el comportamiento de nuevos cultivos, desarrollar nuevos productos para consumidores con necesidades especiales, desarrollar prácticas para una agricultura sostenible y mejorar la gestión económica de las explotaciones.

Existe una oportunidad real de estructurar una red común de trabajo que integre a toda la cadena de valor de la producción de cultivos extensivos para trabajar de una manera coordinada y eficiente, pero que debe de ser impulsada, coordinada y controlada en todos sus aspectos tanto técnicos como administrativos por el Departamento de Desarrollo Rural y Sostenibidad.

Centro de Investigación y Tecnología Agroalimentaria de Aragón